Hace poco presté el libro El Camino, de Miguel Delibes. Un libro al que tengo mucho aprecio.
Cuando me lo devolvieron, pregunte emocionada. -T’ha agradat?-. La respuesta no tuvo el entusiasmo que yo esperaba por su parte. -Bueno, no és tan bo com me vares dir-.
Es comprensible. Cuando algo me gusta o me ha gustado mucho, tiendo a exagerar. Yo seguí insistiendo. -Però, t’ha agradat?-. A lo que me respondió: -Si, no esta gaire malament, però molt senzill, no conta res nou ni massa impressionant-.
Acepté su conclusión. Lo que a ella no le hacia ni fu, ni fa, para mi fue lo más impresionante. El lenguaje sencillo y ameno, la gente sencilla, las costumbres sencillas, la historia sencilla. La narración evoca, emociona, te involucra…
Por toda esa sencillez, gracias.
Descansa en paz / 1920-2010

” Pero a Daniel, el Mochuelo, le bullían muchas dudas en la cabeza a este respecto. Él creía saber cuanto puede saber un hombre. Leía de corrido, escribía para entenderse y conocía y sabía aplicar las cuatro reglas. Bien mirado, pocas cosas más cabían en un cerebro normalmente desarrollado. No obstante, en la ciudad, los estudios de Bachillerato constaban, según decían, de siete años y, después los estudios superiores, en la Universidad, de otros tantos años, por lo menos. ¿Podría existir algo en el mundo cuyo conocimiento exigiera catorce años de esfuerzo, tres más de los que ahora contaba Daniel? Seguramente, en la ciudad se pierde mucho el tiempo -pensaba el Mochuelo- y, a fin de cuentas, habrá quién, al cabo de catorce años de estudio no acierte a distinguir un rendajo de un jilguero o una boñiga de un cagajón. La vida era así de rara, absurda y caprichosa. ”
Fragmento de El Camino
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